lunes 29 de junio de 2009

Por los otros caminos de la isla


Desde Santa Clara a Santiago, un recorrido distinto por este legendario destino del Caribe. Pueblos coloniales, leyendas y la vida en las calles.


Martina Delacroix. ESPECIAL PARA CLARIN





Cuba es ron, tabaco del bueno, del mejor. Che Guevara. Silvio Rodríguez y Pablito Milanés. Cuba es mar y sol. Varadero. También revolución, Fidel, salsa y el famoso malecón. Arroz con porotos negros, hoteles all inclusive y no al capitalismo como una autóctona elección. Cuba es paraíso en las guías turísticas, comunismo en los manuales de historia y emoción en las anécdotas del viajero. Nostalgia, melancolía y esperanza en las letras del trovador. Además, es medicina y educación. La isla de la fantasía para los poetas y la luna de miel que sueña el corazón.

Pero todavía hay más Cuba, bastante virgen del turismo masivo. Un interior profundo, místico, culto, que promete conmover tanto como todo lo clásico de Cuba. Lugares en donde empezó América, obsesiones de piratas y escenarios de leyendas. Mil y una festividades, la cuna del son, construcciones que valen todas las fotos, conversación garantizada, mucha seguridad, baile a toda hora, gastronomía fresca, un oriente, un occidente y, ante todo, gran hospitalidad a prueba de bolsillos austeros. El interior de Cuba está hecho para turistas con ansias de residentes.

Este viaje por el interior de la isla, partiendo de La Habana para unir Santa Clara y Santiago, recorriendo ciudades que son patrimonio de la humanidad, insume unos mil kilómetros de maravillas.

La entrañable transparencia



Las paredes y el techo están cubiertos con maderitas que le dan aspecto de caverna. Hay una llama eterna, pero está casi oscuro y reina el silencio frente al mausoleo del Che. Finalmente, sus restos están ahí. Lo lloran extranjeros, muchos que no son argentinos, y me pregunto por primera vez por qué la emoción se materializa involuntariamente en la piel.

Afuera pega fuerte el calor y en la gigantesca plaza de Santa Clara que se construyó sólo en su honor no circula nadie. ¿O sí? Es que es tan grande. Y un buen ejemplo de una de las manías de Fidel Castro: hacer plazas enormes y peladas para que nadie quede afuera.

Dejamos Santa Clara para llegar a Remedios, la cuna de la parranda, con más fiestas que el diablo. En la Plaza Martí, pese a ser mediodía de un jueves, hay jolgorio. Bailes, artesanías, carrozas y estandartes. Tres hombres se envalentonan con los fuegos artificiales aunque es de día. La gente se amontona lejos, en las veredas, y se estira con cautela para ver la explosión: "Cuidado, chica, que no son muy sofisticados los cohetes, nunca sabemos para dónde saldrán disparando".

Al caer la tarde, un mojito siempre espera en la confitería El Louvre o un cafecito en La Fe, ambas frente a la plaza principal. Al lado hay dos hoteles tradicionales, Mascotte y Barcelona, pero también es recomendable alojarse en casas de familia (entre 15 y 25 pesos convertibles cubanos o CUC, la moneda para extranjeros que tiene una paridad con el dólar).

"El precio depende también de lo que pueda el cliente", me recuerda el dueño del hostal China y Richard. Su servicio incluye desayuno casero y la búsqueda de la moto más económica para recorrer la zona. En Remedios casi no hay autos, pero hasta el mar queda cerquita de todo. Si se espía bien entre las calles, verá las playas desde el centro.



Riachuelos y tupida vegetación



Para llegar a Cienfuegos, la única ciudad fundada por franceses, toca una ruta sinuosa, de mayor altura, con vegetación tupida y riachuelos: vamos hacia el sur de la isla. Es divertido el detalle de la plaza principal: 144 sillas de hierro en hilera para quien quiera descansar. Alrededor, resaltan por su impecable conservación la Casa del Fundador, la Catedral Nuestra Señora de la Purísima Concepción, el Palacio Ferrer, el teatro Tomás Terry y el bar Palatino, donde, por dos CUC, se puede degustar el delicioso trago de la casa: licor de menta, jugo de ananá y ron. Y el resto de los cócteles, desde una limonada hasta un cubata, cuestan sólo un peso cubano. Hay que aprovechar la terraza, siempre hay buenos músicos y poetas dando vueltas por ahí.

Una marcada arquitectura ecléctica, de colores pasteles y que conjuga estilos como el neoclásico, el art nouveau, el arte decó y el imperial se extiende más allá de la plaza. El mejor ejemplo está dado por el Palacio de Valle, donde funciona un distinguido restaurante y cada tarde se presenta una pianista con el don de animar. Como en La Habana, también hay un Paseo del Prado y un malecón que enmarca a la Bahía de Jagua, "adornado con cocoteros y mulatas", dice un guía al pasar.

Un atardecer allí ya es programa, al igual que una caminata por el Parque Martí, donde en 1916 un grupo de obreros construyó el Arco del Triunfo, el único que tiene el país.

De día, Cienfuegos es tranquilo, no suele haber demasiada gente en las calles, pero de noche es difícil resistirse al baile. La disco Costa Sur, al aire libre, entretiene con un espectáculo de bailarinas y karaoke, mientras que en Venni Moore vive la salsa, y van más lugareños. Hay que apurarse: todo cierra a las tres.



La ciudad museo



Romántica y colonial, Trinidad es la ciudad clave de Sancti Spiritus, una de las primeras localidades fundadas por españoles. Las calles de la antigua villa son como niñas bonitas y antiguas: impecables, distinguidas y hasta simpáticas. Los suelos son de lajas originales y brillantes, las casas muy altas, de colores vivos, con puertas enormes de madera y rejas de punta a punta. La gente se cuelga de ellas o pone hamacas cerca de la calle: en Cuba todo pasa afuera, en público. Si bien es una ciudad que sube y baja, Trinidad es para caminar y perderse, emborrachar la vista con estas construcciones que también evocan las barracas de esclavos, pero que hoy no dan sensación de encierro, si no más bien de un verano fresco, frutal.

Si uno no estuviese en esta isla ni conociera las reglas, pensaría que allí viven magnates o celebridades, pero no, sólo habita gente sencilla, la del pueblo.

La cálida playa Ancón, a 12 kilómetros del centro, sobre el Mar Caribe, es un placer por la mañana. Después, hay que ir a la Plaza Mayor. Si quiere historia vaya al Museo Municipal y, por arte decorativo, al Museo Romántico, uno de los más visitados e interesantes del país. Al atardecer, encuentre las escalinatas de la iglesia de la Santísima Trinidad y note qué caprichosas son: quieren ir para todas partes. Pero siga a la orquesta, directo hacia La Casa de Música, donde nadie paga por bailar ante artistas de calidad.
En Trinidad me invade una sensación extraña: olvidarme de que esto también es Cuba. Tal vez por la incongruencia entre una Habana de muros igualmente admirables, aunque tan castigados, y este rincón que parece de cuento, que hasta hace creer en el amor para toda la vida.

El plato roto

Camagüey es la provincia obligada para pasar al oriente de la isla. Por su irregular trazado urbanístico –cuentan que fue adrede, para que los piratas se extraviaran al atacar–, Camagüey también se llama la "Ciudad laberíntica", "Plato roto" y "Calle sorpresa". No es chiste, es muy fácil perderse. ¡A los lugareños también les pasa! Las calles forman triángulos y rectángulos deformes, grandes y pequeñitos, con y sin veredas, mientras que otros bloques son extensos y ondulados o medios círculos. Seguir con la vista a alguien, aunque vaya lento, puede durar segundos.

A Camagüey también le dicen "Ciudad de los tinajones", porque durante siglos la gente conservaba el agua de lluvia en enormes tinajas de barro. Cuenta la leyenda que si tomás agua de tinajón, te quedás a vivir para siempre ahí. Quise beber y beber.

Pese al devastador paso de dos ciclones el año pasado, esta ciudad también logró el reconocimiento de la UNESCO. Aseguran que el mérito es de los vecinos: con la ayuda material del gobierno, claro, en tres meses levantaron sus casas, si bien es cierto que varias son más una fachada que un hogar.

La mayoría de las calles son tan estrechas que los autos casi no pueden circular. El "Callejón de la miseria" es la calle más corta de Cuba (sólo ocho metros), mientras que el "Callejón funda del catre", la más angosta (no pasan dos caballos a la vez).

Llegué a Camagüey en plena celebración de la fiesta del barro y del fuego, que dura una semana. En el centro urbano, más de ochenta artesanos sacan sus mesas a la calle y trabajan para después concursar entre sí. La antigua Plaza del Carmen también rinde honor al barro con estatuas en tamaño natural de los diversos personajes del pueblo, obra de la artista Martha Jiménez Pérez. Allí funciona su atelier y ella convida una charla animada sobre los secretos del lugar.

Por menos de cinco CUC se puede tomar desde ahí una bicitaxi, y llegar, entre otros sitios, hasta el Parque Ignacio Agramonte, rodeado por museos y confiterías. Los taxistas son buenos guías, pero recuerde arreglar el precio antes.

Ciudad heroica

La Sierra Maestra es imponente. No deja indiferente al visitante, lo mete de lleno en la historia: Cuba nació en Santiago de Cuba.

En el Parque Céspedes, centro del casco histórico y político, se vivieron hechos de interés universal, como la primera venta de esclavos de América, la declaración de la independencia y el anuncio de Fidel al mundo de que había triunfado su revolución. Allí también se encuentra la casa más antigua del continente, donde residió el conquistador español Diego Velásquez, y el monumento con los restos del líder nacional José Martí.

Para seguir repasando hitos, está muy bien visitar el museo del Cuartel Moncada: impresionan los elementos de tortura para los revolucionarios al gobierno de Batista. Creyentes –y no creyentes– pueden peregrinar hasta la iglesia de la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona nacional.

"Los cubanos somos fanáticos religiosos, pero no practicantes devotos", me aclara un nuevo amigo. Así, cual Luján, hacen colas para dejar objetos en comodato y a cambio de milagros.
No obstante, se celebran pocas misas y la venta de recuerdos es infinita. En lugar de panchos, bocados de cerdo al horno por dos pesos. Desde el santuario se ven las minas de cobre. Son un ícono del lugar.

Con ganas de un paseo más rápido y urbano, me trepé a una de las 13.000 motos que circulan por la ciudad. Son más baratas y efectivas que los taxis; en Santiago hay bastante tráfico. Fijamos con el conductor en seis CUC todo el viaje, que respondía además a un itinerario. Me puse el casquito –como los antiguos cascos de guerra– y partimos.

Pasamos por el Balcón de Velásquez –tiene una serena vista de la ciudad–, el Museo del Ron –dicen que el de Santiago es el mejor– y terminamos en la Casa de la Trova: desde el mediodía se estaban presentando artistas y la gente sigue entrando o mira desde la puerta.
El ambiente es familiar, nadie paga ni un peso, la música no pide permiso al cuerpo. Pienso que en Cuba el que quiere aprende a bailar, aprende. Y me acuerdo de Ricardo, que hacía unos días me había convencido: "Tu cierra los ojos y no pierdas el ritmo, recuerda nunca perder el ritmo. Lo demás, déjamelo a mí".

domingo 17 de mayo de 2009

Silvio Rodriguez habla sobre Cuba



“Cuba no sólo es lo que ha elegido, también lo que ha podido”
Desde Hilda Molina hasta su nuevo disco, el músico, que llegó a ser “casi obligatorio” en las radios de la isla y hoy no es difundido, habla de los temas más controvertidos. La desilusión de los jóvenes y los cambios necesarios en el régimen de Fidel.



De chico quería ser astrónomo o astronauta, pero sus canciones lo llevaron a ser el músico más identificado en el mundo con la Revolución Cubana. En 1978, Silvio Rodríguez viajó por primera vez a Estados Unidos para actuar junto al músico Pete Seeger. Este 5 de mayo, Seeger cumplía noventa y Rodríguez fue invitado a participar de la celebración, pero el gobierno de Estados Unidos no le concedió la visa y no pudo viajar. Mientras termina de grabar su nuevo disco, el músico aceptó dialogar con Crítica de la Argentina sobre este y otros temas.

–¿Qué sucedió?

–Fui invitado por la familia de Seeger a un homenaje. Pedimos una visa especial que Estados Unidos da para acontecimientos culturales, pero no llegó nunca.

–Si, en vez de pedir la visa, se hubiera lanzado al mar en una balsa, ¿lo habrían dejado entrar?

–No sólo me hubieran dejado entrar, ¡me hubieran exhibido como trofeo!

–¿Cómo funciona el sistema migratorio para los cubanos?

–Según la “ley de ajuste cubano”, los emigrantes ilegales cubanos interceptados en el mar son devueltos a Cuba, pero los que logran pisar tierra adquieren el derecho a la residencia. Somos el único país al que se le aplica esta ley. Es un concurso macabro que les ha costado la vida a muchos.

–¿Y a los cubanos que quieren salir de Cuba, los dejan?

–Para salir o entrar, hace falta un permiso especial del gobierno. Es una medida que se tomó a principios de la Revolución, como control de fronteras. En mi criterio es obsoleta, daña mucho a Cuba y debería ser eliminada.

–¿Por qué Hilda Molina no puede viajar a Buenos Aires?

–No lo sé. Si fuera por mí, hace mucho que estaría donde desea.

–Obama habló de un diálogo con Cuba. ¿Cree que es posible?–Sé de la disposición de diálogo del gobierno cubano y de las manifestaciones presuntamente conciliatorias de Obama. Si hubiera un diálogo, debería ser respetuoso y en condiciones de igualdad. Cuba es un símbolo de dignidad y América Latina le está haciendo ver a Estados Unidos su disconformidad con el bloqueo.

–¿Cuáles son las consecuencias del bloqueo?

–El estrangulamiento del comercio y de la economía, la pérdida de miles de millones de dólares, no poder hacer transacciones con bancos que tengan relaciones con Estados Unidos. Nos niegan los créditos y el acceso a la tecnología. No podemos comprar equipos médicos, computadoras y ni siquiera micrófonos. Nos borraron hasta de los mapas de las líneas aéreas. Esta hostilidad lleva medio siglo y todavía dicen que lo hacen para ayudar al pueblo.

–¿Qué pasaría si Obama levantara el bloqueo?

–Cuba no sólo es lo que ha elegido, también lo que ha podido, con la enemistad de un poder exterior grande y cercano. Pero hay un punto en el que acordamos: Cuba debe cambiar, evolucionar. Lo dice la dirección de la Revolución, lo dice Obama, lo dice el pueblo y también la oposición. Lo único que generará ese cambio con rapidez es el levantamiento incondicional del bloqueo. Lo que ocurra será lo que merecemos los cubanos por ser como somos y no porque nos lo imponen.

–Estados Unidos habla de “democratizar” Cuba. ¿Sería más democrática con otros partidos?

–Democracia es el gobierno del pueblo, pero el pluripartidismo no garantiza per se que los pueblos se gobiernen. Sobran ejemplos de países con varios partidos y que ninguno defiende las razones populares: mandan los políticos comprometidos con las oligarquías. ¿Cómo se identifica la democracia con la defensa de los intereses de los ricos? Haciéndoles creer a los pobres que un día van a ser ricos. Lo que hace falta es más voluntad de hacer justicia.

–Vi más oposición y reclamos entre los jóvenes. Los mayores parecían estar mucho más identificados con la Revolución. ¿Es así?

–El trastrueque de llamar reaccionaria a la izquierda y progresista a la derecha empezó en el sindicato Solidaridad y la Perestroika; el derrumbe del muro de Berlín lo canonizó. Es lo que el consorcio ideológico capitalista escupe vía satélite y Occidente mitifica como “políticamente correcto”. Los movimientos de liberación ahora son “terroristas” y los que derribaron un avión comercial son “combatientes anticastristas”. A los jóvenes les tocó una época en que algunos principios fueron cambiados de bando. Los vencedores renombran el mundo a través de sus medios. Hay muchos jóvenes que creen en los fundamentos revolucionarios y saben que el socialismo es más justo. Sin embargo, el mundo es diferente del de aquellos jóvenes que emprendieron la Revolución. Hablemos de internet: no se puede decir que sea mala porque haya páginas en contra del gobierno. De otros socialismos aprendimos que el autoaislamiento es un falso remedio destinado al fracaso. Por desigual que sea, Cuba debe asumir la confrontación. Que la gente alquile señales de satélite y vea los canales. Enfrentar eso con realismo nos puede preparar para cuando no exista el bloqueo. Si la política para el acceso a la información es acertada, los jóvenes estarán orgullosos de su país.

–Un cubano que vive en Buenos Aires me decía que reconocía los logros, pero lo sofocaba el discurso único: “Pongo la televisión y está Fidel. Y en la radio, ¡basta de Silvio!”. ¿Qué le respondería?

–Que sus palabras las provocó una Cuba pasada. Hace tiempo que Fidel sólo se pronuncia por escrito. En los 80, decían: “Silvio primero estuvo prohibido y ahora es obligatorio”. Pero hoy me ponen poco. No me quejo, prefiero estar prohibido: te quieren más.

–En el centro de La Habana vi una gigantografía con la cifra de niños que mueren cada año en el mundo por desnutrición, y decía: “Ninguno es cubano”. ¿Cree que los más jóvenes saben que afuera las cosas son diferentes?

–José Ingenieros escribió hace un siglo: “Joven es el que no tiene complicidad con el pasado”. Es natural que los jóvenes exijan a partir de lo que tienen. Y es un deber de la sociedad contarles a las nuevas generaciones la historia y decirles cómo es el mundo.

–Usted empezó a militar con apenas 14 años, en las campañas de alfabetización. ¿Cómo fue eso?

–Hacerme hombre en las circunstancias extraordinarias de la Revolución fue una gran oportunidad para tener una juventud interesante. ¿Dónde más podía ser parte de una generación que postergó sus estudios para alfabetizar? El tiempo que pasé con los pescadores de la Flota Cubana de Pesca y las dos veces que fui a Angola durante la guerra fueron también experiencias muy especiales.

–Usted es identificado en el mundo como el músico de la Revolución. ¿No es una carga, a veces?

–Es una carga si me asalta la vanidad y me dejo picar por el bicho pequeñoburgués de creerme más allá de todo. Pero la mayoría de las veces no y, aunque me duela, asumo que mi karma es la interrogación política. El trovador que he sido siente celos del entrevistado que seré y quizá por eso compongo menos.

–¿Cómo conoció a Fidel?

–Oí hablar de él por primera vez en 1953, cuando asaltó el cuartel Moncada al frente de otros jóvenes. Lo conocí en 1984, después del primer viaje que hicimos a la Argentina.

–¿Y cómo es, más allá del personaje?

–Es un hombre muy cordial, aunque a mí siempre me impresionó. Por eso he sido parco en su presencia. La última vez que lo vi, me tocó la frente y dijo: “Cuánto me gustaría saber lo que pasa por ahí dentro”. Semejante expresión no me soltó la lengua. Siempre lo he visto como la figura histórica que es y, en las pocas ocasiones que estuvimos cerca, no he logrado obviar su trascendencia. Puede ser que por eso me lo haya perdido un tanto.

–¿Cómo están la economía y los salarios en Cuba, luego del “período especial”?

–Ha mejorado el transporte, los apagones casi no ocurren, hay más canales de televisión, pero los tres ciclones del año pasado nos hicieron mucho daño. Los salarios son bajos y no alcanzan, aunque al sueldo hay que sumarle la total gratuidad de la salud y la educación, y el casi regalo de la cultura, los libros, los deportes. A todas las familias se les entrega, a precios muy bajos, una parte de la canasta básica. Sin embargo, habría que revisar medidas que en su momento fueron buenas y hoy son insuficientes, teniendo en cuenta lo pobres que somos y lo limitados que estamos.

–¿Cuál es el límite entre habilitar una mayor iniciativa privada y correr el riesgo de volver a una sociedad desigual e injusta?

–Esa pregunta es para Dios. Algunos socialismos se pudrieron buscando justamente esa frontera. Yo creo que la perspectiva que no se puede perder es que el gobierno esté junto a los más necesitados.

–Usted debe de generar mucho dinero con sus canciones. ¿Cuánto es para usted y cuánto es para el Estado?

–Yo empecé sin saber que podía ganar dinero en un concierto. El que mejor me lo pagaron, en los años de mayor auge, fue el de Chile con Irakere en 1990. Era una cantidad que no habíamos visto ni en sueños y con Chucho Valdés decidimos destinarla a la construcción de estudios de grabación, que hacían falta en Cuba. La música popular es un negocio sobredimensionado y puedes ganar mucho. Pero hace años que apenas hago giras comerciales y hace tres que no saco un disco. Nunca recibí grandes liquidaciones.

–¿Cuándo se dio cuenta de que la música y la poesía iban a ser su vida?

–En mi adolescencia me interesaba ser dibujante de historietas, pero mis amigos y mi familia me hicieron ver que lo que componía podía interesar. Un día, cuando estaba por salir del servicio militar, conocí a Mario Romeu, un gran músico cubano que me llevó a la televisión.

–¿Recuerda cuáles fueron su primera canción y su primera guitarra?

–Mi primera canción fue a capela y se llamaba “El rock de los fantasmas”. La primera guitarra que tuve entre manos fue la de Lázaro Fundora, un compañero de trabajo, cuando yo tenía quince años.

–¿Qué músicos fueron los que más lo influenciaron?

–Por mi familia materna, cantadora de la trova tradicional, escuché desde la cuna a Sindo Garay, Manuel Corona y Miguel Matamoros. En los años cincuenta, Elvis Presley sonó mucho en La Habana, aunque me gustaban más las baladas de Johnny Mathis. De mi adolescencia recuerdo al grupo Los Astros de Raúl Gómez, El cuarteto de Meme Solís, Danny Puga, Luisito Bravo. De la Argentina, a Los Cinco Latinos, y de Europa, a Charles Aznavour. Pero creo que lo que más me ha influenciado es la música clásica. Desde niño, es lo que más escucho.

–¿Por qué se define como trovador, y no como músico o cantante?

–Trova es la música cantada que primero me llegó, hecha por los autores más afines a la manera de entender la canción que yo tuve, que no descuidaba lo literario. También preferí llamarme así por una razón de clase: en los años sesenta, los trovadores eran los músicos más devotos y peor pagados.

–Cuarenta años después de la Nueva Trova, ¿hay una “nueva” trova joven en Cuba?

–Cada vez que averiguo, descubro gente nueva y valiosa. El Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, de La Habana Vieja, les ha dado un patio para que canten y ha grabado sus conciertos. Su colección de discos “A guitarra limpia” es un documento imprescindible para saber cómo piensa y canta la trova cubana de hoy.

–¿Le gusta Celia Cruz?

–No hay cubano con sentido del oído que no la haya escuchado con admiración.

–Usted le escribió varias canciones al Che. ¿Cuál le gusta más?

–La primera que le hice: “La era está pariendo un corazón”.

–En “El reino de todavía” canta que “nadie sabe qué cosa es el comunismo”. ¿Qué es el comunismo?

–Yo creo que el comunismo es el deseo de construir un mundo mejor para las mayorías que han llevado el peso de las sociedades. Supongo que, una vez conseguido el paraíso, habrá que rehacerlo, porque –por lo circunstancial de nuestras acciones o la inconformidad de la naturaleza humana– la vida suele tirar hacia delante.

–¿Está grabando un nuevo disco?

–Sí, se llama Segunda cita. Lo concebí para trío acústico. Por eso participan tres magníficos jazzistas: Roberto Carcassés en el piano, Feliciano Arango en el contrabajo y Oliver Valdés en la batería. Niurka González aporta flauta y clarinete. También invitamos a algunos metales y el tema titular lleva cuerdas. Hay una “Carta a Violeta Parra”, una canción inspirada en un cuento que me hizo García Márquez y otra dedicada a Charles Lloyd. En esta última toca el saxofón José Carlos Acosta, que hace un solo breve pero impresionante. Varios textos tienen que ver con las inquietudes de la Cuba actual. En principio incluí una canción basada en un bello poema de Víctor Heredia, pero ahora me lo estoy guardando para un trabajo futuro con otros autores.

–Al principio de la Revolución, hubo persecuciones contra los homosexuales. ¿Por qué fue posible aquello mientras se proponía, justamente, acabar con la opresión?

–Por ignorancia, machismo, prejuicios heredados. Es más fácil cambiar un sistema político que una cultura ancestral. Tiene que ocurrir mucha educación humanística y sucederse generaciones para que tanta mugre incrustada se diluya. Con el asunto racial sucede parecido.

–¿Qué opina usted sobre la propuesta de Mariela Castro de legalizar el matrimonio gay en Cuba?

–Me parece correcta. Hace justicia.

–Usted, que ha dedicado tantas canciones a tantas causas justas, ¿escribiría una para los gays y lesbianas que luchan contra la discriminación?

–Quizás algún día lo consiga. Escribí dos canciones sobre la homosexualidad, pero no quedé conforme con ninguna. También compuse “El sol no da de beber”, que aunque no tuvo esa motivación ha sido interpretada por ahí. Sabiendo eso, en ocasiones la he presentado con ambigüedad. Creo que no la traiciono, porque la provocó un amor que, como el de algunos homosexuales, tenía que esconderse para sentirse realizado.

Fuente:
Critica Digital 17/05/2009.  http://criticadigital.com/impresa/index.php?secc=nota&nid=24502

domingo 19 de abril de 2009

El obrero Obama

Por Nicolás Gallo


Photo/Javier Galeano

La presentación del presidente de EE.UU en la pasada Cumbre de las Americas no produjo otra sensación de ver a una persona sometido a los intereses de su Pais. El traductor de la CNN leía el discurso del presidente Obama en simultaneo, un papel que ya traía previamente y celosamente escrito por los intereses políticos del país del norte, sin escuchar previamente la discusión, sin condicionamientos, que traían sus pares. El único pedido, la única voz: el levantamiento irrevocable del bloquea a Cuba.
Irrevocable y de común acuerdo. Cuba no está dispuesto a debatir sobre un acto genocida que le impuso EEUU. Los países del Caribe y Sur América tienen su apoyo. Es una discusión cerrada, sin negociación alguna.
Existe un pedido concreto por estos países que reclaman a los intereses que gobiernan los EEUU para que levanten el Bloqueo hacia cuba sin restricciones previas. Los presidentes representantes de los países del centro y sur de América desafían con esto a EEUU como condicionante para su integración al continente de manera respetuosa hacia el proceso de América Latina.

jueves 9 de abril de 2009

Jinetero Cubano

Atención turistas!!!, las fotos de este individuo pertenecen a un estafador turístico de La Habana. Su nombre es Lázaro y hace unos días le robo un paquete que yo mismo enviaba a un amigo cubano. Este jinetero se acercó de manera amigable a mi amigo -argentino- y su novia, y tomo la confianza de ellos: los llevo a lugares turísticos, a su casa a conocer su hijo, a un pub, pero resulta que a la hora de la entrega del paquete, le pidió el teléfono de mi amigo -cubano- para gestionar él mismo la entrega y llamó por telefono a otro numero. Lázaro les dijo que se pudo contactar solo con la hermana de mi amigo cubano y que la entrega se hacia en el Malecom.
Resulta que mi amigo -el cubano- no tiene hermana. Cambió el numero de teléfono y se comunico con una conocida de este jinetero y, de común cuerdo, se quedaron con el paquete. En breve pondré la dirección de su casa. Un gran estafador.





Nombre completo: Lazaro Raya Santana Cruz. Nº: (este es el simil dni) 6506/426686 o 65061426686
Dirección: Concordia 761 apartamento 1, Centro. EntreAramburu y Hospital
T: 842 F: 858 Año: 1981

Cuba 2009

Buena esta sección es justamente para que nos relajemos, nos alejemos un poco de las discusiones políticas, sociales, mundiales para hablar e introducirnos en la historia y arqueología hermosa de Cuba, solo con retratos. Para viajar por sus rincones, imaginarnos sus aromas, el bullicio urbano al que nos acostumbran cubanos y cubanas hablando, ironizando, padeciendo, por sus calles.


Panadería Habanera.





The Revolution Baby

lunes 2 de marzo de 2009

La gran estafa del siglo

Por Nicolás Gallo

Como fichas de domino que caen sobre el tablero, ve la humanidad, una vez más como se derrumba el sistema económico del mundo. Los economistas -grandes parásitos si los hay, analistas rentados del sistema-intentan persuadir que las crisis son producto de los malos gobernantes, sin embargo la humanidad comienza a ver las graves grietas que se abren dentro de un sistema que ya no funciona.

En la jerga de la informática, se dice que cuando un programa no funciona desde su núcleo hay que ir emparchándolo hasta que un día hay que dejarlo de lado y volver a realizarlo desde cero. Es lo que ocurre normalmente con los sistemas operativos de Windows. El \”vista\” es un gran ejemplo del mismo.

El sistema capitalista es la herramienta perfecta de dominación y esclavitud humana. Un sistema lleno de parches que comienzan a filtrar de manera acelerada. El libre mercado ha regulado desde los años 80 hasta la fecha la ley del hombre, el estado desapareció de la esfera de manera significante.

Pero como el dicho dice, el pez por la boca muere. Lo cierto es que este sistema no puede terminar con el hambre del mundo, todo lo contrario, cada día son mas y mas hombres, mujeres, niños en las calles. Un sistema bajo el mando del sionismo empresario, que fracaso con todas las letras y que no hay manera de encauzarlo o peor aún emparcharlo.

La sociedad ha sido aniquilada, el sistema mediante la subdivisión del trabajo ha creado hombres ermitaños a prueba de supervivencia. El mercado creo tantas divisiones dentro de la empresa que un profesional o trabajador ya no ocupan lugares relevantes dentro de la estructura sino piezas aisladas en forma de engranajes. El robo monumental del capitalismo financiero especulador de esta crisis internacional quedará marcado en la historia como la gran estafa a la humanidad. El mercado ha encontrado en el siglo XXI la herramienta mas atroz y esclavista para hostigar a la sociedad.

Es tiempo de ver y releer la historia y pensar que podemos cambiar un sistema agotado y aceptar con grandeza su fracaso. Crear un nuevo núcleo -cerebro- sin reciclajes, desde cero. ¿Le quedara a la Europa moderna entre su ruinas un filosofo, físico, psíquico.., \”algún gran pensador\” ? ¿ O están todos idiotizados debatiendo las ciadas de las bolsas?.

miércoles 11 de febrero de 2009

Festejos y asuntos pendientes

La autora de la nota estuvo en La Habana en la celebración de los 5o años de la Revoluciónn. Su percepción es que algunas cosas mejoran allí, entre ellas el transporte, y que, en medio de ironía, fiesta y necesidades, se espera más.


AP Photo- Javier Galenao

Por Olga Cosentino*

Cuba celebra su primer medio siglo de una revolución inédita en la historia, por la resistencia a innumerables intentos de quebrar el proceso de conquistas culturales y sociales que la caracterizan, y por el liderazgo permanente que mantuvo Fidel Castro. Liderazgo que continúa, si bien de modo implícito, pero con potencia simbólica creciente, durante la actual gestión de su hermano Raúl Castro. La fiesta no parece ser demasiado diferente de jubilosa vitalidad que caracteriza la idiosincracia de los cubanos, siempre dispuestos a confirmar el arquetipo folclórico que los vincula al canto, el ritmo y el ron. "La trova sin trago se traba", dicen por aquí. haya o no efemérides. La semana oficial de celebración incluyó, también sobre todo, bailes populares, exposiciones, espectáculos teatrales y coreográficos, encuentros, conciertos, ciclos de cine, peñas y talleres. Sólo con revisar las programaciones de centros culturales, museos y bibliotecas fue posible advertir que la profusión de actividades no tiene que ver necesariamente con los actuales festejos sino es parte de la vida normal de esta sociedad.
Además, en las calles de La Habana o en Santiago se escucha a cada paso desearse felicidades por el año nuevo. El augurio sirve tanto al encuentro con amigos o parientes, al trato cordial al turista o como frase previa al pedido de un bolígrafo o un jabón con cierta picardía popular cada vez menos difundida, por cierto, intenta hacerse una "extra" sin mayor esfuerzo. No son mendigos ni "homeless", sin embargo, quienes se acercan al paseante con estas demandas. Nadie pasa hambre ni duerme a la intemperie en Cuba, donde las necesidades básicas están satisfechas. No así las ganas de bailar, cantar y enamorarse, que siempre parecen recién nacidas. Resulta gratificante saborear la tradicional dulzura de trato de cubanas y cubanos entre sí y para con el turista. "Mi amol". Esta y otras formas de seducción dorman parte imagen que los locales ofrecen al extranjero, a sabiendas tal vez de la fascinación que generan, sobre todo en cierto turismo ideológico ansioso de darse un baño de caribe y socialismo, para volver al cabo de una o dos semanas de azúcar y sabor, llevando en la valija algunas remeras y calendarios del Che, algunos compilados Silvio Rodrigez o Pablo Milanés y otros souvenirs por el estilo con los que tranquilizar la conciencia de la -sólo por ahora y sólo para pocos- confortable pertenencia a la vida capitalista.
El modelo de equidad social revolucionaria tiene allí un conflicto irresuelto, ya que los que trabajan en el campo del turismo acceden a propinas en divisas extranjeras que multiplican hasta la desproporción el ingreso en moneda cubana de otros trabajadores. Pero esta desigualdad, si bien es usufructuada por algunos, también es interpretada por la mayoría de los locales como una más de las injurias sociales provocadas por la hegemonía del capitalismo global. Hasta los cubanos más críticos y que más vehementemente reclaman por mayor apertura y flexibilización estatales, acusan un inocultable sentimiento antinorteamricano. Del que ahora La Habana tiene un símbolo institucional en la Plaza del Antiimperialismo que se levanta frente a la Oficina de intereses Norteamericanos, junto al Malecón habanero. Ciento treinta y ocho banderas negras con una estralla blanca en el centro.
Claro que además de este luto embanderado y corrosivo, la tradicional costanera habanera ofrece una fisonomía notablemente mejorada respecto de años anteriores. El parque automotor ya no está dominado por los característicos modelos de los años 50, pintorescos pero costosos y antifuncionales. Ahora abundan los modelos rusos, europeos y asiáticos. Y el transporte público reemplazó casi todos los "camellos" (camiones con caja descubierta para el transporte de personas)por modernos autobuses chinos y brasileños.
En los negocios céntricos la actividad comercial no se diferencia de la de cualquier ciudad latinoamericana, aunque no existen carteles de marcas o empresas, lo que redunda en saludables ausencua de contaminación visual. El vestuario de cuabanas y cubanos es absolutamente informa y se hace imposible detectar moda o tendencia alguna, aunque se ven zapatillas vistosas, brillos, tatuajes y piercing. Lo que se ofrece siempre a la comprensiçon de todos es el humor de los cubanos. "Ahí tienes el edificio de ETECSA", señala Rubén, un joven ingeniero y ocacional guía turístico santiaguero, cuando se le pregunta por una empresa telefónica donde gestionar un celular. "Significa Estamos tratando de establecer comunicación si apuro", agrega en seguida con un guiño.
La ironía es reveladora de la libertad con que los cubanos ejercen el cuestionamiento. Y desmiente el mito neoliberal acerca del totalitarismo antidemocrático que supuestamente somete a esta sociedad. Desde los taxistas hasta los maestros, desde los médicos hasta las mucamas de los hoteles, la mayoría de los cubanos se ven espontáneos, cultos, alegres y distintos. Se permiten polemizar sobre sus asignaturas pendientes como sociedad pero, en general, manifiestan sentimientos de dignidad y de patria que, lejos de descascaradas alegorías escolares se percibe encarnado, vigente y con futuro.

*Publicado el 31.1.09, revista Ñ, Clarín.